jueves 18 de septiembre de 2008

Resultados no esperados.

En este tópico abordaré la temática del proceso terapéutico floral y sus resultados, y para esto es importante entender ciertos aspectos que nos van a ayudar a contextualizar este tema.
Mucha gente llega a la consulta con ciertas expectativas, muchas veces justificadas, sobre la terapia floral y sus resultados. Es casi una certeza para un terapeuta floral que te pregunten sobre la duración del tratamiento, o bien cuanto demoran las flores en lograr el efecto deseado. Tales dudas y expectativas son legítimas y normales, sin embargo, es tan incierta la respuesta y tan variable como variables son los seres humanos que poblan el mundo. Estamos inmersos en una sociedad que busca ante todo el máximo rendimiento, la productividad, los objetivos y los resultados, y la mentalidad imperante mercantilista influye sobre éste aspecto de cómo esperamos certezas sobre los "productos" en los cuales fijamos nuestra atención. Sobretodo si tales "productos" pueden significar el alivio o la cura a nuestros males. A esto se suma el miedo o terror al dolor y a las crisis, ya que perturban el rendimiento productivo o ponen en riesgo los roles que tanto nos desgastamos en mantener, incluso a costa de nuestra propia salud.
Las personas no se dan cuenta pero van en busca de sedantes, de medicinas mágicas que los saquen de un estado que los estorba y les impiden de seguir avanzando en un camino autoimpuesto y muchas veces equivocado. Prueba de ésto es la proliferación de "terapias express", que prometen resultados "seguros" y a corto plazo.
La pregunta: ¿Pero ésto funciona o no?, es tan común de oírla que no puedo dejar de pensar en cómo nos enfocamos en los objetivos y somos esclavos de las expectativas, en vez de entender que vivir los procesos sin ellas es el camino más seguro y ciertamente más enriquecedor. De hecho, uno de los caminos de la terapia floral es ese, sumergirte en los procesos, hacerte partícipe activo de los ciclos.
Generalmente los pacientes que acuden a las terapias alternativas están buscando otros caminos, hastiados de tomar tantos medicamentos, de hacerse exámenes, de someterse a los procedimientos convencionales de la medicina. Pero muchas veces no se dan cuenta que no se han liberado en absoluto de la mentalidad antes descrita, y esperan que, mediante algo tan inofensivo y natural, se llegue a los mismos resultados que en la medicina alopática.
Y ésta es una de las razones del eventual desaliento de los pacientes en la terapéutica floral, que abortan el tratamiento, se retiran casi indignados y desilusionados porque las flores no les han funcionado como esperaban. Además, casi sin darse cuenta, la propaganda floral misma está teñida de éste espíritu "curalotodo en diez días", o "tomando Rescue se te quitan las crisis", llevando las flores al mismo nivel que un medicamento farmacológico.

La otra razón probable de la nula efectividad de las flores es la prescripción equivocada. Es importante aclarar en este punto que eso no convierte a los terapeutas en malos terapeutas, pues el hecho de prescribir equivocadamente puede responder a muchos factores que no tienen que ver con la preparación o la capacidad del terapeuta floral. Prescribir correctamente es un arte, es otro proceso importante de la terapia, y es algo que ciertamente se va dando de la mano con la profundización de la relación entre el paciente y su terapeuta. Cuanto más se vuelva afectiva, cuanto más crezca el lazo entre ellos, más probabilidades habrán de una prescripción correcta. Hay que darle al terapeuta el tiempo de conocer a sus pacientes, la generalidad es que no existen telépatas o clarividentes ejerciendo la terapia floral, y justamente es en el devenir de la terapia donde ocurre la curación, en el vínculo tan importante que se establece, donde no hay dominantes, ni control, ni figuras de autoridad que se erigen como los artífices del proceso de curación de los pacientes. Sólo hay relación, sólo hay afecto, sólo hay confianza.
Es muy importante empezar a entender como pacientes que nadie tiene el timón de la propia sanación, y que los buenos terapeutas sólo son guías y no necesariamente maestros a seguir.

Por último, quiero volver a reiterar que la sanación y la armonía interior se logra cuando hay conciencia, cuano uno se entiende a sí mismo, se acepta y se conoce, donde la desparición de síntomas no es un objetivo sino una consecuencia natural de un proceso que la persona se vive entregada por completo.